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La Epístola a los Hebreos

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1 Dios, que habló muchas veces, y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, Nos ha hablado en estos postreros dias por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por quien asimismo hizo los siglos; El cual siendo el resplandor de su gloria, . . .
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2 Por lo cual es menester que tanto con más diligencia estémos atentos a las cosas que hemos oido, porque no nos escurramos. Porque si la palabra dicha por el ministerio de los ángeles fué firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa paga de su galardón, ¿cómo escaparemos nosotros, si . . .
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3 Por lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerád el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús, El cual fué fiel al que le constituyó, como también lo fué Moisés en toda su casa. Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto . . .
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4 Temamos, pues, no sea que, habiéndonos sido dejada una promesa de entrada en su reposo, parezca a alguno de nosotros quedar frustrado de ella. Porque también a nosotros nos ha sido anunciada la buena nueva como a ellos; mas la palabra oida no les aprovechó a ellos, no siendo mezclada . . .
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5 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes, y también sacrificios por los pecados: Que se pueda compadecer de los ignorantes y de los errados, porque él también está rodeado de flaqueza: . . .
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6 Por lo cual dejando ya la palabra del comienzo en la institución de Cristo, vayamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de las obras muertas, y de la fé a Dios, De la doctrina de los bautismos, y de la imposición de manos, y . . .
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7 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió al encuentro a Abraham que volvía de la matanza de los reyes, y le bendijo: A quien asimismo dió Abraham la décima parte de todo: primeramente el cual ciertamente se interpreta, Rey de justicia; y luego también, . . .
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8 Así que la suma de las cosas que habemos dicho es esta: Que tenemos tal sumo sacerdote que se asentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos: Ministro del santuario, y del verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre. Porque todo sumo sacerdote es . . .
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9 Tenía empero por cierto tambien el primer concierto ordenanzas de culto, y santuario mundano. Porque el tabernáculo fué hecho; el primero, en que estaban el candelero, y también la mesa, y los panes de la proposición, el cual es llamado el lugar santo. Y detrás del segundo velo estaba el . . .
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10 Porque la ley teniendo solo la sombra de los bienes venideros, y no la imágen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada un año, hacer perfectos a los que se allegan. De otra manera habrían cesado de ser ofrecidos; porque los que dan . . .
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11 Es pues la fé la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven. Porque por esta alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por fé entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, de tal manera que las cosas que se . . .
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12 Por tanto nosotros también teniendo puesta sobre nosotros una tan grande nube de testigos, desechando todo peso, y el pecado que tan cómodamente nos cerca, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, Puestos los ojos en el autor y consumador de la fé, Jesús; el cual habiéndole sido . . .
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13 El amor de la hermandad permanezca entre vosotros. De la hospitalidad no os olvidéis; porque por esta algunos hospedaron ángeles sin saberlo. Acordáos de los que están en cadenas, como si estuvieseis con ellos encadenados; y de los trabajados, como siendo también vosotros mismos en el cuerpo. Honorable es en . . .
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