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Los Hechos de los Apóstoles

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1 Hemos hablado en el primer libro, oh Téofilo, de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer, y a enseñar, Hasta el día en que, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fué recibido arriba: A los cuales, después de haber padecido, se . . .
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2 Y cuando hubo venido cumplidamente el día de Pentecóstes, estaban todos unánimes en un mismo lugar. Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venía con ímpetu, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados. Y les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, . . .
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3 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de la oración, es decir, la de nona. Y un hombre, cojo desde el vientre de su madre, era traido; al cual ponían cada día a la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que pidiese limosna de . . .
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4 Y hablando ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saduceos, Pesándoles de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesús la resurrección de los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era . . .
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5 Mas un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión, Y defraudó parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, la depositó a los piés de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué hinchió Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y . . .
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6 En aquellos dias creciendo el número de los discípulos hubo murmuración de los Helenistas contra los Hebreos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cuotidiano. Así que los doce, convocada la multitud de los discípulos, dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos . . .
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7 El sumo sacerdote dijo entónces: ¿Es esto así? Y él dijo: Varones, hermanos, y padres, escuchad. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham estando él en Mesopotamia, ántes que morase en Carran. Y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven a la tierra . . .
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8 Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel día fué hecha una grande persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y cuidaron de la sepultura de Esteban algunos varones piadosos, e hicieron gran . . .
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9 Y Saulo aun resoplando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, Y demandó de él cartas para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos de este camino, varones o mujeres, los trajese presos a Jerusalem. Y yendo por el camino, aconteció que llegó . . .
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10 Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana, Piadoso, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y que oraba a Dios siempre. Este vió en visión manifiestamente, como a la hora de nona . . .
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11 Y oyeron los apóstoles, y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y como Pedro subió a Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión, Diciendo: ¿Por qué has entrado a varones incircuncisos, y has comido con ellos? Entónces . . .
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12 Y en el mismo tiempo el rey Heródes tendió las manos para maltratar a algunos de la iglesia. Y mató a Santiago el hermano de Juan a espada. Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. (Eran entónces los dias de los panes . . .
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13 Había entónces en la iglesia, que estaba en Antioquía, profetas y doctores, como Barnabás, y Simón el que se llamaba Níger, y Lucio Cireneo, y Manaén, hermano de leche de Heródes el tetrarca, y Saulo. Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartádme a Barnabás y . . .
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14 Y aconteció en Iconio, que entrados ámbos en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron a los Gentiles, y corrompieron los ánimos de ellos contra los hermanos. Con todo eso . . .
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15 Entónces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos, y decían: Si no os circuncidáis, conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Así que hecha una disensión y contienda no pequeña por Pablo y Barnabás contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Barnabás, y algunos otros de . . .
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16 Y vino hasta Derbe, y Listra; y, he aquí, estaba allí cierto discípulo, llamado Timoteo, hijo de una mujer Judía creyente, mas su padre era Griego. De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le . . .
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17 Y pasando por Amfipolis, y por Apolonia, vinieron a Tesalónica, donde había sinagoga de Judíos. Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados razonó con ellos de las Escrituras, Declarando y proponiendo, que era menester que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que este . . .
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18 Pasadas estas cosas Pablo se partió de Aténas, y vino a Corinto. Y hallando a un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacía poco que había venido de Italia, y a Priscila su mujer, (porque Claudio había mandado que todos los Judíos saliesen de Roma,) se vino a ellos: . . .
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19 Y aconteció, que entre tanto que Apólos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino a Efeso, donde hallando ciertos discípulos, Díjoles: ¿Habéis recibido al Espíritu Santo desde que creisteis? Y ellos le dijeron: Ántes ni aun hemos oido si hay Espíritu Santo. Entónces les dijo: ¿En qué pues . . .
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20 Y después que cesó el alboroto, llamando Pablo a los discípulos, habiéndolos abrazado, se partió para ir a Macedonia. Y cuando hubo andado por aquellas partes, y les hubo exhortado con abundancia de palabra, vino a Grecia. Y habiendo estado tres meses allí, y estando para navegar a Siria, fuéronle . . .
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21 Y fué que como navegámos habiendonos arrancado de ellos, vinimos camino derecho a Coos, y el día siguiente a Rodas, y de allí a Patara. Y hallando una nave que pasaba a Fenicia, nos embarcámos, y partímos. Y como comenzó a mostrársenos Chipre, dejándola a mano izquierda, navegámos a Siria, . . .
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22 Varones hermanos, y padres, oid mi defensa que hago ahora ante vosotros. (y como oyeron que les hablaba en lengua Hebrea, le dieron más silencio;) y dijo: Yo de cierto soy hombre Judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad a los piés de Gamaliel, enseñado conforme . . .
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23 Entónces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dijo: Varones y hermanos: yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. Y el sumo sacerdote, Ananías, mandó a los que estaban cerca de él que le hiriesen en la boca. Entónces Pablo le dijo: . . .
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24 Y cinco dias después descendió el sumo sacerdote Ananías, con los ancianos, y con un cierto orador llamado Tértulo; los cuales comparecieron delante del gobernador contra Pablo. Y habiéndole citado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como sea así que por causa tuya vivamos en grande paz, y habiéndose dado buenos . . .
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25 Festo pues, entrado en la provincia, tres dias después subió de Cesarea a Jerusalem. Y comparecieron delante de él el sumo sacerdote, y los principales de los Judíos contra Pablo, y le rogaron, Pidiendo favor contra él, que le hiciese traer a Jerusalem, poniéndole asechanzas para matarle en el camino.
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26 Entónces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por tí. Pablo entónces extendiendo la mano, comenzó a dar razón de sí, diciendo: Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey Agripa, téngome por dichoso, de que delante de tí me haya hoy de . . .
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27 Mas cuando fué determinado que habíamos de navegar para Italia, entregáron a Pablo, y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Así que embarcándonos en una nave Adramittena, nos partímos para navegar por las costas de Asia, estando con nosotros un tal Aristarco, Macedonio, . . .
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28 Y como escaparon, entónces conocieron la isla, que se llamaba Melita. Y los bárbaros nos trataban con no poca humanidad; porque encendiendo un gran fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que nos estaba encima, y a causa del frio. Entónces habiendo Pablo allegado algunos sarmientos, y . . .
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