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1
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¡cómo está asentada sola la ciudad ántes populosa! la grande entre las naciones es vuelta como viuda: la señora de provincias es hecha tributaria. Llorando llorará en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas: no tiene quien la consuele de todos sus amadores: todos sus amigos le faltaron, volviéronsele . . . |
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¡cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sión! derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, y no se acordó del estrado de sus piés en el día de su furor. Destruyó el Señor, y no perdonó: destruyó en su furor todas las tiendas . . . |
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3
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Yo soy un hombre que vió aflicción en la vara de su enojo. Guióme, y me llevó en tinieblas, mas no en luz. Ciertamente contra mí volvió, y revolvió su mano todo el día. Hizo envejecer mi carne y mi piel: quebrantó mis huesos. Edificó contra mí, y cercóme de . . . |
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4
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¡cómo se ha oscurecido el oro, el buen oro se ha trocado! las piedras del santuario son esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. Los hijos de Sión preciados, y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos del ollero! Aun . . . |
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5
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Acuérdate, o! Jehová, de lo que nos ha venido: vé, y mira nuestra vergüenza. Nuestra heredad se ha vuelto a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos somos sin padre: nuestras madres como viudas. Nuestra agua bebemos por dinero, nuestra leña compramos por precio. Sobre nuestra cerviz padecemos persecución; cansámosnos, y . . . |
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